Ismael Cala · Transcript · · Updated
Gran entrevista | Jorge Ramos e #IsmaelCala cara a cara – Transcript
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Summary
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- Ismael Cala explica que su filosofia de entrevista busca evitar convertirse en un interrogador y lograr que la conversacion fluya escuchando mejor al invitado.
- Ismael Cala señala que intenta transmitir un mensaje espiritual y de desarrollo personal para ofrecer un oasis frente a tantas malas noticias en los medios.
- Ismael Cala relata que fue un inadaptado durante veintiocho años en Cuba y que su visión cambio al colapsar la Union Sovietica despues de una conversacion con Fidel Castro.

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Transcript
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Yo ahora tengo la difícil tarea de entrevistar a un entrevistador, Ismael Cala, de 44 años es, desde luego, el conductor del programa que lleva su nombre en CNN, en español, nació en Cuba, hizo radio desde los ocho años de edad, salió por Canadá, da conferencia sobre liderazgo en toda América Latina, tiene más de un millón de seguidores en Twitter, quizás hoy dos millones.
Es un viajero incansable, entrevista con un estilo muy particular, yo diría casi confidente, tanto a presidentes como artistas y celebridades, en realidad los oye, creo que es junto a Jaime Bailey, uno de los mejores entrevistadores que tenemos en los medios en español, acaba de escribir su primer libro, El Poder de Escuchar, tuve la suerte de leerlo y recomendarlo antes de que saliera publicado, y hoy Ismael Cala nos acompaña aquí en nuestros estudios.
Es un placer estar aquí con ti. Muchísimas gracias Jorge, un placer para mí. Me llama mucho la atención que cuando comienzas tus entrevistas siempre tienes tu reflexión, déjame empezar con la mía. Oriana Falacci, la maravillosa perdista italiana que murió, decía que las entrevistas suelen ser una guerra, a veces gana el entrevistador, a veces el entrevistado.
Esa es una filosofía que muchas veces yo trato de llevar sobre todo con la gente que tiene mucho poder con los políticos. ¿Cuál es tu filosofía al entrevistar? ¿Qué buscas? Algunas de mis entrevistas yo siento que han sido una batalla, campal, pero mi filosofía es otra.
Yo trato de convertirme, porque tengo un programa diario, no es una entrevista de ocasión en la que puedo tratar de exprimir a alguien y luego es reciclable y no importa el que me esté mirando y diciendo me voy a sentar mañana con Cala, con este tipo no me siento. Yo tengo que garantizar que todas las noches en mi programa hay gente dispuesta a sentarse a conversar conmigo.
Pero no es arriesgado, Ismael, tratar de caer bien, porque muchas veces llego a las entrevistas y yo sé que nunca más voy a volver a entrevistar esa persona. Es cierto, y a mí me ha pasado con políticos, pero generalmente no es caer bien, pero es no convertirte en un interrogador.
Yo siento que lo que yo hago como comunicador social es más que interrogar. Yo trato de buscar la pregunta, trato de lograr las respuestas de algún tipo de tema que me interesa, pero trato de que la conversación fluya. Parto del concepto de que escuchando mejor al entrevistado va a salir una mejor contra pregunta.
O sea, no crees que hay que poner a alguien contra la pared. En algunos momentos sí, y yo creo que me ha pasado, por ejemplo, con el expresidente Álvaro Uribe, tuve mucha suerte de que él no se levantara de la silla, porque yo siento que él se sentía contra la pared. Y eso me parece, creo que es un extraordinario ejemplo que estás poniendo.
Me ha tocado entrevistar también Álvaro Uribe, y en mi caso yo sentía que había que ponerlo contra la pared. Había muchas cosas que cuestionarlo, y tú le sacaste exactamente todo lo que yo no le pude sacar, pero todo lo hiciste por las buenas. Y eso me sorprendió muchísimo, ¿no? Le preguntaste de todo, de las acusaciones, del paramilitarismo, de todo.
Claro, pero en las pausas él me decía que no estaba bien. Yo le decía, presidente, ¿está molesto? Relájese, me dicen, no, no, yo no debía haber hecho esta entrevista. ¿Cómo uno logra mantener hasta el final entrevista? Yo creo que es más un tema de psicología que de periodismo.
Y en eso es lo que yo estoy tratando de convertirme en un experto, en un psicólogo, en alguien que puede entender las reacciones, leer más allá del lenguaje verbal del entrevistado y tratarte que se mantenga en esa silla hasta el final. Porque si se te para a mitad de entrevista...
Es noticia. Es cierto. Es noticia. Ahora, al principio, no sé si lo he captado correctamente, pero al principio de tus entrevistas y luego lo largo de las entrevistas, no nada más quieres conversar, sino siento que hay un tono no de sermón, pero sí de mensaje, de promover el liderazgo, de vivir mejor.
Incluso hasta casi religioso. Vi el programa de ayer y estabas hablando de Dios, de Dios es amor. Eso es algo que para mí sería impensable, por ejemplo. Claro, tenemos visiones muy distintas. Pero estás buscando eso, además de ser entrevistador, enviar un mensaje espiritual.
Sí, yo creo que sí, porque al mundo le hace falta buenas noticias, no tantas malas noticias. Siento que los periodistas, en muchos aspectos, nos hemos convertido en aves de mal agüero. Porque lo que nos toca distribuir al mundo, en gran porcentaje, son titulares que son negativos.
Guerras, tragedias, situaciones caóticas en el mundo. Entonces, yo trato de que este espacio, en una cadena de noticias, sea como un pequeño oasis, y que la gente sienta que puede haber también espacio para el mejoramiento y el desarrollo personal.
Y que cada entrevistado... No te ves nada más como periodista. No, no, no. Te sientes como obligado a enviar un mensaje positivo. Sí, es que yo no me veo realmente solo como periodista. Me veo más como un comunicador social. Y cuando logré entender que la misión en la que yo puedo hacer la diferencia, es empoderar algunas personas a través de las historias de mis entrevistados y demostrar que no todo el que venga acá porque tiene poder, fortuna, dinero o glamour es alguien diferente a la raza normal de un ser humano, sino que hay cosas que podemos aprender de la vida de ellos.
Dices, te defines como Quijote, un aventurero, un soñador y un inadaptado. Por supuesto, me voy a agarrar de la última palabra. ¿Por qué inadaptado? Porque siempre supe, por ejemplo, que en Cuba había cosas que yo no quería, que no iban con mi destino, con mi poder de tomar decisiones en mi vida.
Entonces fui un inadaptado por 28 años en Cuba, sobre todo en los últimos 20 años, después que cumplí los 20, se colapsó la Unión Soviética y el Bloque Socialista y me di cuenta en una conversación con Fidel Castro de que había dos cubas, la Cuba en la que yo vivía pasando hambre.
¿Quién conociste muy joven? Sí, era dirigente, yo estudiantil universitario cubano, hicimos un precongreso de la FEO en una sesión plenaria, Fidel la dirigió y luego nos dio una recepción con comidas de todo tipo, estaciones de quesos, de pastas, de carnes.
Cuando en Cuba las familias no tenían prácticamente nada que comer. ¿Fuiste fidelista entonces? Fui comunista, repetí por muchos años, pioneros por el comunismo, seremos como el che, me obligaron a dejar la religión católica a los 11 años, mi religión fue el marxismo leninismo y el materialismo dialéctico.
¿Cuándo corriges? Corrijo eso cuando se cae la Unión Soviética y cuando le digo a mi profesor de marxismo leninismo y ahora ¿qué sigue? Porque ya esto no tiene validez. Efectivamente, suspenden la asignatura, me llevan al rectorado de la universidad diciendo que yo tenía diversionismo ideológico como líder comunista, que era cómo iba a cuestionar un momento tan crítico para la revolución.
Y luego en el 98, que salgo a Canadá, me doy cuenta que mi mundo había que reformarlo y que tenía que estudiar un poco de todo lo que nunca tuve acceso, información que nunca me contaron. Y luego, por supuesto, entras a trabajar en escena en español y el resto de esa historia. Exacto.
Ahora, ¿cuándo es como periodista y como entrevistador me cuesta muchas veces meterme en la vida privada de los personajes públicos? Mi regla es que a menos que esa vida privada afecte la vida pública, no me puedo meter. O que sea ya pública o publicada.
O sea, ¿cómo... y yo veo que tú todo el tiempo estás lidiando y enfrentando... ¿cuándo te metes y cuándo no? Hablas de una caja de pandora que no hay que abrir. Exactamente. Yo digo, si ya el personaje que yo tengo en frente abrió por él mismo la caja de pandora, porque en algún momento le pareció que era atractivo vender su alma al diablo, entonces le has dado el permiso a cualquier periodista...
Para entrar. Para entrar. Ahora, si esa persona siempre ha dicho yo soy una figura pública, pero hay aspectos de mi vida privada que son eso, son privados, yo hago una pregunta y me dice yo no hablo de esto y respeto y me voy del tema. Siempre respeto. O sea, ¿no sacas a nadie del closet que no quiere?
Espero que no. Espero que no. Al final siempre tienes varias preguntas rápidas. A través de tu ídolo nos han enviado algunos a ver cómo nos va. Lo del escalante dice ¿cuál es la mejor entrevista que ha hecho y por qué? La mejor entrevista, yo diría que fue Larry King, sin dudas.
Él me enseñó muchísimas cosas, fue una clase maestra de comunicación. Yo diría la duriva es extraordinaria, la debo moral es muy difícil. Muy difícil, muy tensa. Para mí no fue una entrevista, la debo moral es... para mí fue dejar que él hiciera catarsis y yo no logré hacer la entrevista que quería.
Porque te quedaste... Por ejemplo, aquí dice alguien, Max Filling dice se tragó la lengua cala en la entrevista con morales. Eso lo dije yo. Alguien me preguntó, Penheimer me preguntó qué pasó con la entrevista de debo morales y yo dije me tragué la lengua. ¿Sabes por qué?
Porque en dos ocasiones me dijo cállese, usted no está en Estados Unidos, está en Bolivia, usted se escapó de Cuba al imperio, usted es un latino sin identidad y el brillo de la entrevista yo no quise que fuera una autodefensa mía contra debo morales sino qué le hiciera catarsis porque yo le invité el programa para escucharlo a él.
María Hernández, ¿qué lo internece? ¿Qué ha llorado por amor? Dice. Yo creo que sí, cuando era más joven lloré por amor. Ahora es un poco más difícil llorar por amor pero sí soy un tipo apasionado lleno de amor y la verdad, mucho más equilibrado en cuanto a vida personal y profesional que cuando era más joven.