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Un mundo lleno de vanidad. Eclesiastés 1:1-2 @ReformaIbague – Transcript
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del Señor. Vamos a ir a nuestras Biblias y en esta mañana vamos a iniciar una nueva serie. Uy, me siento extraño, suena mucho bajo.
En el libro de Eclesiastés, capítulo 1, vamos a leer y vamos a tener una introducción el día de hoy.
Vamos a leer los dos primeros versos nada más de este precioso libro, hermanos. Es es un libro impresionante, increíble. Eclesiastés dice la palabra de nuestro Dios.
Palabras del predicador, hijo de David, rey en Jerusalén. Vanidad de vanidades, dijo el predicador. Vanidad de vanidades, todo es vanidad.
Señor, te damos gracias por este día precioso que nos has dado, por los dones, Señor, que nos has dado, por darnos un día más, Señor, en este mundo. Hoy nos disponemos a iniciar, Señor, la tarea que ningún hombre puede hacer, Señor, por sí solo, de exponer tu palabra, oh Dios.
Qué increíbles y magníficos tesoros tenemos en ella, Señor. Te rogamos en este día, oh Dios, háblanos. Usa, Señor, tu palabra, pero también al predicador para que tu iglesia, Señor, y todos aquellos que están sin Cristo puedan comprender tu palabra, puedan oírla y puedan, Señor, ser convencidos por ella.
los creyentes que puedan aplicarla a sus vidas para ser más como Cristo y los inconversos, Señor, para que ellos puedan venir a Cristo en arrepentimiento y fe. Señor, nos entregamos a ti confiando que tú obrarás, Señor, conforme a tu bondad y a tus planes eternos en Cristo Jesús. Amén. Vamos a tomar asiento, hermanos.
Hoy iniciamos, hermanos, una serie de un libro, hermanos, que sin lugar a dudas es un libro muy impactante e impresionante.
No sé si usted ha tenido la oportunidad de leer Eclesiastés alguna vez, si ha tenido la oportunidad de tomar este libro y leer sus páginas, ir capítulo a capítulo y meditarlo. Pero realmente Eclesiastés es un libro fascinante.
Hace parte del conjunto de libros que llamamos o llaman los eruditos libros sapienciales. Es decir, son libros de los cuales el pueblo de Israel en la antigüedad podía aprender sabiduría.
Y esos tres libros es el libro de Proverbios, Job y Eclesiastés. Ahora, confío en el Señor, hermanos, que serán semanas estudiando y meditando en un libro como, vuelvo y repito, es fascinante. Es un libro lleno de sabiduría. Es un libro del que podemos aprender la verdadera sabiduría de Dios,
hermanos. Es un libro que capta y si usted lo lee, digamos, sin entender mucho del contexto de este libro y más si usted lo lee siendo un inconverso, muy probablemente lo que este libro va a producir en usted, mi querido amigo, es un sentido de depresión. Este libro cuando lo lee así es bastante deprimente.
Produce en el ser humano un sentido de verdadera eh insatisfacción y de verdadera tristeza en el corazón. Porque las cosas que aquí el el predicador, como dicen, Reina Valera, habla y todas las cosas que él va a tocar en este libro no son sino el fiel reflejo de lo que es la vida, mis queridos hermanos y
amigos, sin Dios. Ahora, este libro capta drama de la existencia de todo ser humano. Mire, a lo largo de estos capítulos y a lo largo de cada uno de estos versículos, todos los que estamos en este salón y todos los que vengan, si el Señor lo permite, domingo a domingo, van a sentirse plenamente identificados con lo que este libro dice. van a sentirse plenamente
identificados porque las preguntas y las situaciones que el libro plantea, estoy más que seguro que muchos de ustedes o todos aquí nos hemos hecho las mismas preguntas y nos hemos encontrado en las mismas circunstancias, en las mismas que el autor de este libro plantea. ¿Y por qué esto?
Bueno, porque hemos sido creados a imagen de Dios y uno de los aspectos es que somos humanos racionales. Es decir, mis queridos hermanos y amigos, somos seres, a diferencia de los animales, creados para buscar sentido y trascendencia y significado a nuestra existencia. Queremos que la vida tenga un sentido para nosotros. Mire, si hay algo que este libro a medida que lo he leído y a medida que lo he estado meditando
me hace pensar es, por ejemplo, en nuestra época moderna se oye demasiado el tema de la ansiedad, bastante. Y esa ansiedad, hermanos, que usted escucha de la que tanto se habla hoy en las redes sociales, en la sociedad, no es sino simplemente lo que miles de años atrás ya el el predicador, el que escribió este libro, ya había dicho. Y es el hecho de que el hombre es
un buscador de sentido. El hombre anda buscando algo que le dé el sentido a su vida. Y este es uno de los mayores problemas, hermanos, al que el ser humano se ha enfrentado durante toda la historia. Es hacerse esta pregunta y no poder contestársela. ¿Cuál es el propósito de mi vida? ¿Por qué estoy aquí?
¿Para qué hago lo que hago? ¿Cuál es el sentido de esta vida? Hermanos, todos los seres humanos se hacen esta clase de preguntas. Miran su vida cotidiana, miran el presente, miran el futuro, miran el pasado y dicen y y se preguntan en su corazón, ¿cuál es el propósito de la vida? ¿Cuál es el sentido de estar aquí?
Pero también el corazón de cada ser humano debido a estas reflexiones, llega generalmente a un sentido o un profundo sentido de insatisfacción. Es una de las cosas que más el predicador va a resaltar en este libro.
El hombre en la búsqueda del sentido de su vida, el hombre buscándole el propósito, la razón por la cual está aquí, él va a hallar y él va a encontrar siempre en cada una de estas, entre comillas, respuestas, siempre un sentido de insatisfacción.
Ahora, hermanos, este mundo fue creado de una manera perfecta. Usted lee Génesis y usted se va a dar cuenta como Dios en 7 días creó el mundo de manera perfecta. Pero no vivimos en un mundo perfecto.
Dios hizo todo perfecto, pero por causa del pecado este mundo está lejos de ser perfecto. El pecado, hermanos, de nuestros padres hizo que el corazón del hombre se enfrente constantemente a un sentido de insatisfacción. Y es que sobre todo el estar lejos de su creador lleva al hombre a preguntarse constantemente el porqué de las cosas que pasan en este mundo,
aunque muchas veces lo hace de manera hostil. Y todos nos hemos enfrentado o hemos encontrado personas que dice, por ejemplo, esta pregunta, si Dios es bueno, ¿porque hay mal en el mundo? Si Dios existe, ¿por qué hay niños sufriendo hambre en el África? Si Dios es bueno, ¿por qué una persona, entre comillas buena muere joven y una persona mala vive hasta los últimos años de su vida?
¿No se ha hecho usted esa pregunta alguna vez? ¿No se ha encontrado usted con alguien que haga esta pregunta y le plantee esas posiciones? El hombre, como este libro nos estará mostrando, se enfrenta a situaciones comunes a todos los hombres y trata de hallar el sentido, pero saben qué, no lo puede encontrar. No lo encuentra.
No lo encuentra. El mundo creado por Dios está lleno de preguntas, hermanos, que no podemos contestar y que Dios no nos da las respuestas necesariamente en las Escrituras. Respuestas que no tenemos del lado de este lado de la eternidad y crean un sentido de incertidumbre, descontento, de insatisfacción.
Y por eso Eclesiastés capta la frustración, la futilidad, lo vano, lo superficial de este mundo caído. Nos va a hablar de diferentes áreas de la vida humana. El predicador va a hablar acerca de la monotonía del trabajo. Va a hablar de la injusticia humana. Va a hablar de la insatisfacción del placer insensato. Va a hablar de la repetición tras repetición tras repetición de la vida
cíclica del hombre bajo el sol. del tedio que cansa al ser humano. Eclastés se nos presenta y nos presenta estas interrogantes de la misma manera.
Como un niño de 3 años le pregunta a sus papás todo el tiempo, ¿por qué? ¿Cierto? Los que tienen niños muy pequeños todavía no saben qué es eso, pero los que ya tienen un signó entre los 3 4 años, no es esto así. Y empieza el niño, "Papá, ¿y esto por qué es así? Mamá, pero ¿por qué? ¿Y por qué? ¿Y por qué? Y a veces el papá como que ah, se cansa y dice, "Ya, ya no preguntes más." Pero todo el tiempo está el niño. ¿Por qué?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Hermanos, ese por qué es algo innato en el ser humano y aunque el niño, ¿cierto? Hace preguntas que para nosotros tienen respuestas muy sencillas. Ese niño de 3 y 4 años crece y se sigue haciendo las mismas preguntas pero más elaboradas.